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 Requerimientos nutricionales del gato

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MensajeTema: Requerimientos nutricionales del gato   Vie Nov 28, 2008 11:10 pm

Requerimientos nutricionales del gato
Por María Luisa Palmero Colado, veterinaria y etóloga


El gato es un carnívoro estricto y sus necesidades energéticas son el resultado de una adaptación evolutiva a una dieta muy especializada. Conocer estas necesidades y sus hábitos alimenticios nos puede ayudar a ofrecerles una mejor alimentación.

Como todos hemos comprobado, el gato se muestra mucho más exigente que el perro al elegir sus alimentos pudiendo ayunar largo tiempo si una comida no es de su agrado.

En gran medida este aspecto está influenciado por los hábitos alimenticios en sus primeros meses de vida ya que tiende a comer y aceptar aquellos alimentos a los que se habituó en este periodo.

Con respecto a la frecuencia de alimentación del gato, se ha observado que si tienen libre acceso a alimentos apetitosos, prefieren tomar muchas comidas ligeras, entre 10 y 20, en lugar de dos o tres comidas abundantes.

Prefieren que la temperatura de su comida se encuentre de forma ideal entre 38º y 40º ya que sus presas suelen tener esta temperatura. Con respecto al agua la prefieren fresca y preferiblemente en movimiento –como la salida de los grifos–, siendo muy variable la cantidad que consume cada gato.

Situaciones de estrés influyen enormemente en su deseo de comer: el traslado de residencia habitual o una hospitalización pueden suponer que un gato no coma durante varios días.

Todas estos peculiaridades deben ser tenidas en cuenta y sobre todo cuando alimentamos gatos enfermos que presentan anorexia.


Necesidades energéticas en gatos adultos

La mayoría de los gatos viven en casa, no realizan esfuerzo físico regular ni se ven sometidos a condiciones ambientales extremas. Además a diferencia del perro, difieren muy poco en tamaño y conformación corporal, oscilando la media entre un peso de 3 y 6 kg. En estas condiciones, se ha calculado que la mayoría de los gatos necesitan unas 60 kcal de energía metabolizable (EM) por kg. de peso al día mientras que en el caso de gatos más activos, que puedan salir al exterior o estén en condiciones de estrés, sus necesidades oscilan entre 70 y 90 kcal de EM por kg de peso y día. (Tabla 1)

Recordar brevemente que la energía metabolizable es la energía obtenida del alimento tras las pérdidas de energía por heces y orina.

Un gran porcentaje de gatos es capaz de regular su ingesta en función de sus necesidades nutritivas y del contenido energético del alimento de forma que mantienen su condición corporal ideal a pesar de la presencia continua de alimento apetitoso a su disposición. En cambio muchos otros gatos se muestran incapaces de mantener su peso llegando a ser obesos con pesos que oscilan entre los 7 y hasta los 17 kg. En este grupo, la alimentación ad libitum con productos que presenten más de un 20% de grasas en su composición favorecerá la aparición de obesidad.

Ante un gato obeso es necesario adoptar un plan de adelgazamiento en el que fijaremos un peso óptimo a alcanzar y administraremos únicamente el 50% o el 60% de las calorías diarias necesarias para ese peso. El empleo de dietas con mayor contenido en fibra es muy beneficioso al promover la motilidad intestinal y disminuir la digestibilidad del resto de los nutrientes.

Por desgracia, nos encontramos muchas veces que el único control de la dieta es insuficiente para controlar la obesidad felina por lo que será necesaria la colaboración del propietario para que su gato tenga una mayor actividad física diaria, asunto realmente complicado.

Con respecto a las necesidades específicas de cada nutriente, comentar que las necesidades en proteínas de los gatos son mucho mayores que las necesidades del perro.



El aminoácido más importante en la dieta del gato es la Arginina: al intervenir en la síntesis de urea, que permite le eliminación de desechos nitrogenados, su deficiencia implica que éstos se acumulen en sangre en forma de amoniaco, conduciendo a la muerte del gato en pocas horas.

Esto explica la adaptación del gato a un régimen estrictamente carnívoro donde las cantidades de arginina son muy superiores a sus necesidades. El perro en cambio tiene menores necesidades y es menos sensible a su deficiencia.

La taurina es utilizada por el gato para formar sales biliares mediante un proceso de conjugación. A diferencia del perro, el gato no puede sintetizar cantidades suficientes a partir de aminoácidos azufrados. Cuando la taurina es deficiente, utiliza la glicina en su lugar pero el cambio no es eficiente, y tras meses de su deficiencia aparecen diversos cuadros como la cardiomiopatía dilatada, alteraciones de la retina y sordera en gatitos además de dificultades en la reproducción. La taurina está presente casi exclusivamente en tejidos animales.

Con respecto a los ac. grasos esenciales, en el perro y mayoría de los mamíferos a partir del ac. linoleico y ac. linolenico se pueden sintetizar otros compuestos de cadena más larga, pero el gato tiene una capacidad muy limitada en esta conversión por lo que requiere de un aporte en la ración de ac. araquidónico, presente en tejidos animales. La deficiencia en ac. araquidónico ocasiona alteraciones en la coagulación, alteraciones reproductivas, caída del pelo y alteraciones cutáneas.

Con respecto a las necesidades en hidratos de carbono, estudios realizados confirman que pueden mantenerse con dietas que no aporten hidratos de carbono si las proteínas y las grasas están en concentración suficiente para cubrir sus necesidades de glucosa. Vemos en las composiciones de los piensos que dispensamos, la presencia de almidón. El que aparece con más frecuencia es el almidón de maíz ya que es el más digestible para el gato. Su digestibilidad es mucho menor que en el perro por la menor actividad de la enzima amilasa en el intestino de ahí que cambios en las dietas que presenten variaciones en la composición de almidón presenten problemas digestivos inicialmente.

La Lactosa tiene una tolerancia muy diversa debido a las grandes variaciones en la actividad y la presencia de la enzima lactasa en el intestino.

Con respecto al Magnesio, debe ser limitado a un aporte entre un 0.1% y un 0.04% de la materia seca, debido al papel en la formación de cálculos de fosfato amónico-magnésico.


Alimentación de gatas en lactación y gestación

A diferencia con la perra, que experimenta el mayor aumento de peso en el último tercio de gestación, el peso de la gata aumenta constantemente y de forma regular tras la primera semana postcubrición hasta el momento del parto.

Durante la semana 1 a 4, no es necesario realizar ningún aporte extra en la dieta de la gata si el peso de ésta es adecuado.

A partir de la semana 4 y hasta el momento del parto se deberá aumentar gradualmente la ración en un 25 a 50% ya que las necesidades energéticas de la gata aumentarán a medida que aumenta la deposición de tejidos.

En la semana 6 a 9 de gestación, se deberán ofrecer numerosas comidas de pequeño tamaño debido a la reducción del espacio abdominal por el tamaño de los fetos. Será por tanto conveniente dar una dieta con mayor energía como un alimento para gatitos y gatas gestantes, que permitirá a muchas gatas comer menos y obtener en cambio el mismo aporte energético.

No es necesario el aporte de complejos vitamínicos extras si la ración de la gata tiene una calidad adecuada.

Tras el parto, donde pierde alrededor del 40% del peso ganado durante la gestación, la gata puede rehusar comer durante unas 12 horas. Comienza entonces el periodo de lactación que durará alrededor de 8 semanas, periodo en el que la pérdida de peso es gradual, de modo que al destete la gata vuelve al peso que tenía en el momento de la cubrición. Esta pérdida de peso será mucho mayor en las gatas que presentan una pobre condición durante la gestación.

Es en el periodo de lactación donde las necesidades nutritivas se elevan paulatinamente llegando a ser 3 a 4 veces las necesidades de mantenimiento, en la tercera semana de lactación, ya que la leche que produce tiene una concentración energética muy elevada: en comparación con la leche de vaca que tiene 65 kcal/100 g, la leche de gata tiene 106 Kcal/100 g. (Tabla1)

Por ello la gata debe aumentar la ingesta de nutrientes fácilmente digestibles y energía, realizando comidas frecuentes de alimentos más concentrados -dietas con alrededor de 4.000 kcal/kg o más- hasta la semana 4 donde comenzaremos a ofrecer alimento suplementario a los gatitos.

Las necesidades de agua en lactación también aumentan para compensar la producción de leche.


Gatitos huérfanos, destete y crecimiento

Los gatitos huérfanos, cualquiera que sea la causa, necesitan unos cuidados más específicos hasta llegar a las 4 semanas, cuando serán destetados.

En la primera semana de vida es muy importante la humedad ambiental para evitar que se deshidraten, pudiendo mantener ésta de forma adecuada colocando recipientes con agua caliente cerca. Una temperatura adecuada de 29º a 32º puede ser suministrada por bolsas de agua caliente o sistemas eléctricos siempre que nos aseguremos de que el gatito puede moverse a un área más fría si así lo necesita.

Las primeras tomas de leche están limitadas por el tamaño del estómago, siendo normal que en esta primera semana de vida tomen entre 10 y 20 ml/por toma. La leche deberá estar especialmente formulada para ellos ya que aunque la leche de vaca tiene una concentración en lactosa similar a la de la gata, es muy baja en energía como ya hemos comentado, además de ser baja en grasa, calcio, fósforo y en proteínas: mientras que la leche de gata presenta un 40% de proteína bruta, la leche de vaca tiene sólo un 27%.

Durante las 3 primeras semanas deberemos aportar entre 130-150 Kcal EM/kg/día y después de la 4º semana entre 200 y 220 Kcal EM/kg/día repartidas en unas 4-5 tomas diarias.

Cuando llegan a la edad de 4 semanas, tanto en gatitos huérfanos como en los que no lo son, comienza el destete al comenzar a tomar pequeñas cantidades de comida de la madre que idealmente debe ser un alimento para gatos en crecimiento, mezclada con agua caliente o con leche. En este momento los gatitos necesitan unas 3 a 4 veces las necesidades de un gato adulto.

A las 5 o 6 semanas de edad ya es capaz de comer comida sólida y alrededor de la 6ª semana el destete estará completado si bien podrá seguir mamando hasta las 8 semanas si convive con la madre.

A los 6 meses pueden alcanzar casi el peso adulto pero siguen siendo muy activos y consumirán la cantidad de alimentos necesaria para obtener unas 150 kcal de EM/kg de peso y día -el doble de las necesidades de mantenimiento de un gato adulto-. Hasta que no tiene casi un año no se estabilizan en la ingestión media de 70 a 90 kcal/kg de peso vivo. (Tabla 2)



Los gatitos hasta la fase adulta deben recibir todo lo que deseen comer ya que son capaces de regular perfectamente la ingesta de alimentos. Debemos vigilar no obstante la aparición de obesidad en gatitos alimentados con buenos alimentos a los que además se les ofrecen suplementos en casa. La sobrealimentación induce la generación de un mayor número de adipocitos (hiperplasia) que serán capaces de almacenar grasa en el estado adulto, y será mucho más difícil reducir el peso de estos gatos que en aquellos que engordan en etapas adultas, donde los responsables del acúmulo de grasa son los adipocitos pero aumentados de tamaño (hipertrofia).


Gato geriátrico

Deberemos tratar a los gatos viejos como individuos atendiendo a cada necesidad en particular ya que muchos tendrán problemas hepáticos, renales, cardiacos... Como características comunes, presentan por lo normal, menor masa muscular, menor actividad voluntaria, y un metabolismo basal disminuido, por lo que esto implica unas menores necesidades energéticas, generalmente del 70 al 60% de las energías de un animal adulto joven.

Su alimentación debería contener menor cantidad de grasa y calorías pero no deben tener proteínas reducidas para evitar una disminución de su masa muscular. La concentración de fibra debe mantenerse para evitar procesos de estreñimiento. Muchos quizás necesiten comida húmeda debido a problemas dentales. La cantidad vendrá determinada por la condición corporal de cada gato.
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